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Este mensaje muy conocido del obispo de los pobres sigue siendo un reto actual a la unión de los cristianos y no-cristianos en favor de la humanización.

Los talentos

Mt. 25,14-30; Lc.19,11-27

Mons. Helder Câmara*

Dios tenía innumerables maneras de distribuir sus dones. Si fuese tímido, si tuviese juicios precipitados y sin base, repartiría sus dones en dosis estrictamente iguales para todos. Nadie se podría quejar: nadie tendría nada de más, nada de menos. Todo numerado, etiquetado, registrado... Sería indigno de la imaginación creadora del Padre. Sería increíblemente monótona, como si todas las criaturas humanas tuviesen el mismo rostro o todas las flores tuviesen la misma forma, el mismo color o el mismo aroma.

Dios acepta el riesgo de parecer injusto. Nadie deja de recibir, por lo menos, lo indispensable. Mas hay quien recibe con largueza vertiginosa. En ese caso, aludimos a las verdaderas riquezas: las riquezas interiores. A los ricos de los dones divinos, a los privilegiados de la gracia.

Dios parece injusto, pero no lo es. Pide más de quien recibe más. Quien recibe más, recibe en función de los otros. No es mayor, ni mejor, es más responsable. Debe servir más. Vivir para servir. Hay tal vez quien se apresure a decir - y, perdón, sin mucha convicción y sinceridad - que en su caso es el de quien recibió, si recibió, apenas lo esencial. Lo que importa no el pesar, medir, o contar los dones recibidos. No el haber recibido mucho o poco. Lo importante es la firme decisión interior de responder lo máximo, y de servir.

Dios, pensando en todos, llama a algunos. Decide a saltos no es tenebroso, comienza a caminar. Los prueba, a través de sacrificios terribles. Pero los sustenta, los anima. Les da la misión arriesgada y bella de ser instrumentos de las llamadas divinas. Los encarga de ser presencia discreta en la hora decisiva de las opciones. Hace de ellos animadores de las caminadas de los otros, y muchos otros. Los convierte en signos de Dios, cuando surgen las provocaciones.

Abraham fue llamado por Dios. No vaciló un instante. Partió. Caminó. Enfrentó a provocaciones dificilísimas. Aprendió, por su cuenta, a despertar a los hermanos, en nombre de Dios. A llamar, a animar. A poner en marcha... Judíos, Cristianos e Islamitas conocen la historia.

¿Cómo se llamará, en las otras grandes religiones, el Padre de los creyentes, el animador de las caminadas? ¿Recibió mucho Abraham? Respondió mucho. Respondió lo máximo. Sirvió.

Permítanme los no-islamitas, los no-cristianos, los no-judíos que, pensando en las minorías llamadas a servir, las llamemos Minorías Abrahámicas.

Nada impide que cada raza y cada religión les de el nombre equivalente y que más corresponda al propio genio religioso y a la propia tradición. No piense, mi hermano Humanista Ateo, que estaba olvidado. Vaya traduciendo en su lenguaje lo que digo en la mía.

Donde hablo de Dios, quien sabe, usted traduzca a Naturaleza o Evolución... Si siente, en lo íntimo el deseo de responder a las cualidades que se tienen, si el egoísmo le parece estrecho e irrespirable; si experimenta hambre de verdad, de justicia y de amor, sepa que puede y debe caminar con nosotros.

Sin saberlo, tal vez sin quererlo, es nuestro hermano o nuestra hermana. Acepte nuestra fraternidad: nosotros nos entenderemos y podremos caminar juntos.

¿Ya notaste quien anda enterrando talentos?
No es apenas quien recibió un sólo.
Los que ganaron cinco y diez
En lugar de lograr diez y veinte,
Aprendieron la comodidad,
o la falsa prudencia
o la falsa humildad
y están llegando como salieron
- sin frutos en las manos.
No llames todavía
a presentar las cuentas.
Aguarda un instante
mientras salgo gritando
en la tentativa de acordarme de mis hermanos.

*Arzobispo brasileño fallecido hace pocos años, autor de muchos libros. Tuvo un papel muy importante en el Concilio Vaticano II. Extraído de su libro "El desierto es fértil".

VER – JUZGAR – ACTUAR
¿Nuestros talentos están efectivamente al servicio de los otros? ¿Cómo lo hacemos?
¿Aceptamos la diversidad de creencias para valorar la inidad en lo esencial en la convivencia armoniosa entre los que están comprometidos com las obras de humanización?


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