Movimiento Familiar Cristiano de América Latina - MFC - SPLA

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Aquí y Ahora 05

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Parece que los padres y educadores no han percibido todavía qué es lo que pasa. Se habla muy poco sobre esto: la peor y más abyecta pornografía está al alcance de cualquier niño o niña que sepa manejar computadoras y conectarse a Internet. O sea, de casi todos. Los niños de hoy manejan con impresionante agilidad esas herramientas, todavía misteriosas para los más viejos.

 

Pornonet para niños

 

Helio y Selma Amorim*

 

Los niños se conectan a portales muy interesantes de museos, de historia natural, ciencias y mil otras páginas temáticas muy útiles, educativas y bien hechas. Las escuelas incentivan a sus alumnos a navegar en la red, y hacen bien en motivarlos.

Navegar por Internet produce un verdadero y adecuado deslumbramiento en los niños y también en los adultos, aunque exista el riesgo de que se cree una nueva dependencia o adicción que puede llegar a ser obsesiva: niños y adolescentes que ya no logran despegarse de la pantallita y el teclado. Está sucediendo. Es malo.

 

Para conectarse a esos portales, el niño solo necesita conocer la dirección electrónica. Nada más que dos palabras que indican la página y el proveedor. Por ejemplo: para leer todo lo que publica un periódico, a diario, basta introducir en el espacio apropiado las letras mágicas www... más dos o tres palabras. Luego surgen las llamadas del día, todas las secciones, noticias y artículos del periódico de nuestro país. Lo mismo para cualquier otro periódico del mundo.

 

Pero también basta conocer la dirección de una página de pura pornografía para que surjan en la pantalla, gratuitamente, sin ningún código secreto de protección, una fantástica cantidad de fotos y vídeos pornográficos de casi todos los países. Es muy fácil: las direcciones las publican todas las revistas que se envían gratuitamente a quienes se hayan conectado a Internet. Cada dirección, a su vez, los lleva a cientos de otras páginas. Son toneladas de imágenes de todo tipo imaginable y no imaginable, de perversiones sexuales.

 

No se trata de elegantes ensayos fotográficos eróticos, del tipo de las revistas tradicionales del género. Es simplemente la pornografía más abyecta para exhibir todas las composiciones posibles de sexo homo y heterosexual, travestís en acción, relaciones de personas con animales, sodomía, sadismo, sexo de grupo en todas sus modalidades más degradadas y deformadas. Todas esas imágenes pueden ser impresas, con un simple toque en el teclado.

 

La belleza, la delicada y arrebatadora sensualidad de la sexualidad humana es deformada y deshumanizada, para mórbido gozo de personalidades psicológicamente enfermas o mal estructuradas. O para excitar y responder a la curiosidad natural de los niños y adolescentes.

 

Este es el mayor problema. Resulta mucho más difícil transmitir la visión humanizada de la sexualidad asociada a la afectividad a quienes, desde temprana edad, se han acostumbrado a ver millares de desvíos sexuales y prácticas grotescas, agresivas, hasta mutiladoras, contrarias a la naturaleza.

 

Últimamente han surgido en la prensa internacional noticias sobre prácticas de pedofilía grabadas en vídeo y transmitidas por Internet, con escenas bestiales de torturas de niños y niñas sodomizadas sexualmente enfrente a las filmadoras. Es el límite extremo. En Italia ya fueron detenidos por la policía algunos de esos criminales y hay miles de usuarios bajo investigación.

 

Se estima que se puede encontrar gratuitamente alrededor de 500 mil fotos y vídeos pornográficos, cantidad imposible de consumir, durante toda su vida, por el más fanático observador o “voyeur” que dedicase todo su tiempo a ese obsesivo consumo. Sin contar que muchos de esos portales, o páginas, informan que sus 50 o 100 fotos se renuevan a diario.

 

Para los niños y niñas o adolescentes, se puede evaluar el daño. Para los adultos, parece que ya ha sucedido con los más asiduos visitantes de la pornonet: la progresiva pérdida de potencia sexual... la abundancia de las desviaciones sexuales inicialmente mirados y revisados con ansiosa y excitante curiosidad provoca una especie de pornoindigestión y después de algún tiempo, el desinterés sexual.

 

Por otro lado, la relación de un matrimonio puede verse seriamente  afectada si uno de los dos pretende reproducir comportamientos antihumanos que se acostumbró a apreciar en la pantalla de la computadora, como única manera de excitarse para el acto sexual. Esa indigestión puede llevar a eso y resultar fatal para la relación conyugal. En consecuencia buscará ese tipo de experiencias fuera de casa, con profesionales del sexo muy bien preparados para esa nueva y más exigente demanda de clientes pornointoxicados.

 

La conclusión de estas reflexiones es la falta de una conclusión: como evitar esa desastrosa experiencia capaz de comprometer la saludable comprensión y vivencia y el placer incomparable de la sexualidad humana y del erotismo como expresión del amor y de cariño sin frustrar el acceso a todo lo bueno que nos propicia Internet? ¿Cómo prevenir a los adultos sobre el riesgo de la impotencia y la pérdida del interés sexual si es cierto lo que advierten los psicólogos y sexólogos? ¿Y los posibles perjuicios para la vivencia de la sexualidad de los casados? ¿Serán estas unas preocupaciones injustificadas, y al fin y el cabo todo saldrá bien? No lo sabemos.

 

Lo único que pretendemos con este aviso es avisar... Porque parece que muchos padres, madres y educadores no se han dado cuenta todavía de lo que está sucediendo. O lo saben pero todavía no han podido evaluar el asunto más cuidadosamente. Tal vez sea la hora...

 

* Editores de Fato e Razão, del MFC en Brasil

 

VER – JUZGAR - ACTUAR

¿Los padres y maestros están conscientes de los hechos aquí relatados?

¿Se trata de riesgos reales o es pura imaginación?

¿Cuales son las posibles consecuencias?

¿Cómo podemos responder a estos desafíos?

 

 

 

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