PROGRAMA DE EVANGELIZACIÓN, FORMACIÓN FAMILIAR Y SOCIAL DEL
MFC-LATINOAMERICANO - SPLA. ENVÍE SUS CRÍTICAS, COLABORACIONES Y SUGERENCIAS AL
CONSEJO EDITORIAL DE “AQUÍ Y AHORA”
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La
palabra está muy desgastada y trillada. Pero es preciso verla con mucha atención
y deletrearla: Po-bre-za.
Solamente
de esa manera purificamos su eco en nuestro interior, disipamos las ideas
preconcebidas y le damos la profundidad que tiene para nosotros: es parte da
nuestra Misión.
La
pobreza
Pe. Dalton Barros
Ex Asesor
Latinoamericano del MFC – 1980-1985.
Estamos llamados a vivir la práctica de Jesús dentro
de los trazos propios del lugar y de la época, de la cultura y de la historia,
como retos y esperanzas, como pueblo y como
Iglesia.
Nuestra misión es la del amor comprometido con los
más abandonados de nuestro planeta, especialmente, con los pobres. Un amor
político, claro:
v
una
solidaridad como expresión real de ese amor
v
una efectiva y
fraterna igualdad en nuestro hogar;
v
pobre con los
pobres, cuando estemos junto a ellos.
Nada de hacer teatro. No se nos ocurra hacernos pasar
por pobres. Tampoco se nos ocurra adoptar las formas de “pobreza’, siempre
orientadas hacia la “riqueza”, en busca de lograr algo de tener. Tales búsquedas
conllevan, aunque sea someramente, las señales austeras de la tristeza y de las
privaciones impuestas; de irritaciones con los otros y de casuística
interminable.
Nuestra referencia es indiscutible: la buenaventuraza
que Jesús nos propone (Lc 6,20 y Mt 5,3). El sentimiento clave es aquél que se
encuentra en la alegría y en la transparencia de aquél cuya seguridad está
puesta en Dios, el Señor de la vida. Somos criaturas: recibimos la esencia y la
existencia, dependiendo de Dios, recibimos todo como don.
La pobreza evangélica tiene cuerpo y alma, un rostro
interno y una cara exterior: es espiritual y material al mismo tiempo. Es la
disposición de seguir sin ambajes al Cristo desnudo. Es una relación de cada uno
y adquiere un carácter comunitario y social concreto.
La pobreza evangélica es un desprendimiento afectivo.
Es distribución. Es sobriedad. La repartición de los bienes no se refiere
solamente a la posesión y al uso de los bienes materiales. Los bienes puestos en
común son todos: materiales, espirituales, tiempo, conocimientos, alegría,
penas, éxitos, crisis... El requisito para el amor fraterno tiene aquí su piedra
fundamental.
Con relación a las cosas materiales
debemos asumir las mismas actitudes de Jesús. Él nada despreció y solamente tuvo
lo necesario. Una sobriedad libre que lo hizo disponible para anunciar el Reino
de su Padre. Nada más: la simplicidad y la pobreza propias de un caminante. El
riesgo que estamos corriendo: ir aumentando y generalizando las posibilidades de
todo tipo de confort.
Vivir la pobreza con alegría es un acto de fe y de
confianza. Necesitamos estar interesados en analizarnos para que la remuneración
de nuestro trabajo, la seguridad social y el conjunto de apoyos que deseamos
tener no estén desdibujando nuestra fe confiada de entrega a las manos de Dios,
recibiendo todo lo que nos viene como don suyo.
Entre las desviaciones más evidentes hay dos que
producen dos tipos de hermanos: los despilfarradores y los avaros. Son palabras
duras, lo sé. Pero la realidad, cuando la percibimos, es igual de irritante y
lesiona nuestros ojos y el alma de la gente. Es un antagonismo ante la realidad
que deja huellas por todas partes y se entre cruza con los escondrijos de la
vida.
En algunos hay un exagerado esmero en reforzar las
garantías humanas para la vida cotidiana y para el futuro. Otros tienen una
exasperada ansiedad de ahorrar, de no gastar, de no viajar, de no comer, de no
utilizar... que en realidad no es sino una señal de disimulada
avaricia.
Si hemos pecado por tener demasiadas cosas o por
despilfarrar, también lo hemos hecho - mucho más de lo que parece - por una
sutil avaricia, disfrazada de austeridad. Cuánta mezquindad y estrechez. Por eso
mismo, ¡cuánta falta de amor y caridad!
Todo se inicia, casi siempre por la necesidad de
pequeñas ganitas de bienestar y algunas veces por razones de salud, por así
decirlo. Se guarda esto y aquello y alguna otra cosa: objetos, medicina, libros,
ropas etc... Cosas objetivamente pequeñas, ¡quizás!, pero saludablemente
injustificables. Son impulsos de seguridad, tranquilidad o desconfianza en la
vida. Es el momento de reaccionar con una nueva entrega de sí mismo, muy
explícita, al Dios Vivo y verdadero.
Con esos males, antes de que echen raíces, hagamos,
ante todo, una toma de conciencia. Después e inmediatamente, vamos a eliminar la
preocupación que tenemos y el deseo, como reserva, por esas pequeñas cosas que
estorban en nuestra casas, el corazón y el alma. Conservemos más espacios libres
en nuestras casas: conservemos en el alma y el corazón una disponibilidad
constante para dar, para prestar, para repartir, con aquél que lo pide y lo
necesita (Cfr. Mt. 5,42).
Pobreza evangélica: Cuántos hechos nos están pidiendo un aumento de nuestro mejoramiento. A continuación una lista de algunos de ellos:
v
Reconocernos como
criaturas amadas, sujetos de amor. Amor-riesgo-libertad son inseparables. En
nuestra pobreza radical seremos criaturas libres. En nuestra riqueza esencial
seremos hijos del Hijo. Recibimos la sabiduría de vivir como
cristianos.
v
Desentrañar nuestra
insaciable ansia de bienes materiales. Perder las entrañas del tener. Seremos
dadivosos.
v
Estar al servicio de
los más abandonados. Requiere de nosotros coherencia.
v
Comunión de bienes.
Repartición. Utilizar las cosas, los bienes materiales, ante todo para
evangelizar.
v
Conquistar la
libertad al no depender de esto o de aquello para existir con seguridad
interior. La vida y la verdad salen de adentro.
v
Patrones de vida
sencillos. Es algo muy concreto y que se refiere al medio ambiente de vida.
Comulgar con la realidad. “En nuestros países hay hoy más hambre, peor
educación, más niños abandonados, menos confianza en el fututo, más desigualdad
que hace treinta años”.
v
Ser solidarios con
la lucha por la liberación de los pobres. Solidarios con el pueblo, sus
organizaciones y conquistas. Interceder ante el Padre. Y
actuar.
v
Corregir los
modismos. Son maneras subrepticias, individuales y colectivas de estar más cerca
de las familias ricas, ajenos al testimonio de vida
cristiana.
v
Los que siguen un
camino de vida más comprometida con el destino de los pobres, que lo hagan con
el alma serena y sin rencores.
La pobreza evangélica se hace concreta
comunitariamente también al cultivar la belleza, la convivencia , el sentido del
humor, el ocio, las fiestas: la serena alegría de la gente feliz y festiva, la
bondad y la gentileza en el trato, sin ningún tipo de afectación y fingimiento;
la afectividad y la gratitud; la resistencia ante las dificultades; la paciencia
y el realismo de la vida.!No hay languidez, ciertamente,
no!
De hecho, la práctica de la virtud evangélica de la
austeridad nos convierte en personas abiertas, sin mutilaciones. La virtud de la
pobreza nos devuelve la pasión por la verdad, la justicia y la libertad. Con la
pasión renovada practicamos con más facilidad el aprendizaje de la solidaridad.
Al final, solamente puede ser solidario aquél que se considera libre e igual. Lo
que nos torna accesibles y acogedores.
La pobreza es liviana como la pena. Pero ¿quién puede
cargarla?
(Chang-Tzu).
VER-JUZGAR-ACTUAR
·
¿Tenemos algún
tipo de convivencia con personas o familias muy pobres e inclusive
miserables?
·
¿Los más pobres
ven el mundo de un modo diferente a la manera en lo que vemos nosotros? ¿ Lo que
parece ser lo más esencial para los más pobres coincide con lo que nosotros
pensamos que es muy esencial? Dar algunos ejemplos.
·
Los pobres ¿son
vistos con simpatía por las personas de clase media? Dar ejemplos que confirmen
las opiniones de cada uno.
·
¿La clase media
valoriza la autoridad? o ¿ está embebida en al consumismo? ¿ Debe adoptarse la
austeridad como expresión de solidariedad con los más pobres?
·
En general ¿las
familias de clase media, comparten sus bienes generosamente con los más pobres?
¿En qué proporción? Dar ejemplos.
·
¿Conocemos
ejemplos de cristianos de la clase media en empeñados en las luchas de la clase
pobre contra la pobreza?
·
Y nosotros ¿qué
estamos haciendo? ¿qué estamos dispuestos a hacer?
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