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Aquí y Ahora 13

PROGRAMA DE EVANGELIZACIÓN, FORMACIÓN FAMILIAR Y SOCIAL DEL MFC-LATINOAMERICANO - SPLA. ENVÍE SUS CRÍTICAS, COLABORACIONES Y SUGERENCIAS AL CONSEJO EDITORIAL DE AQUÍ Y AHORA

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Para los cristianos, profeta no es quien adivina el futuro sino aquél que sabe como debe ser el mundo que Dios quiere. El cristiano conoce el proyecto de Dios que Jesús llama el Reino de Dios. Siendo así está llamado a ser profeta, anunciando y haciendo acontecer los signos del Reino, denunciando todo lo que se le opone: las injusticias y toda forma de opresión, discriminación y desamor.

 

 

El profetismo del cristiano

 

Helio y Selma Amorim

 

 

En esa tarea, asume riesgos, como Jesús los asumió. Enfrentará ciertamente incomprensiones, desconfianzas y represalias. Ejercer el profetismo no es cómodo. Entretanto, el anuncio de que la justicia y el amor son posibles y que el Reino ya se hace presente entre nosotros, también encontrará resonancia y apoyo de muchos, especialmente de aquellos para quien esa es una buena noticia, es decir, evangelio.

 

Vivimos inmersos en una sociedad en que predominan las relaciones de dominación y competencia. Es as relaciones producen la exclusión social, la pobreza y la miseria de los menos aptos, condenados a una lucha desigual por la simple sobre vivencia biológica. Por lo menos un quinto de la populación brasileña está en esa situación. Ese cuadro trágico forma parte de la lógica del sistema socio‑económico vigente, concentrador de riqueza y generador de fantásticas disparidades sociales. Un profesional de nivel superior de clase media gana en un día más de lo que recibe un trabajador por un mes de trabajo. En los extremos de esa escala, la desproporción es mucho mayor. Si tales disparidades pertenecen a la lógica del sistema, sus causas son estructurales y solamente se cambiará el marco mediante profundos cambios en las estructuras sociales, económicas y políticas.

 

Por tanto, el anuncio del Reino implicará la denuncia de los mecanismos estructurales generadores de la deshumanización y el proponer de cambios orientados a la humanización. Esto presupone que el cristiano esté preparado para la confrontación dialéctica con los que se oponen a los cambios que amenazan sus privilegios.

 

Hay un momento en la acción profética en que el mensaje de Jesús se anuncia con entusiasmo y emoción, para sensibilizar y cautivar los corazones llamados a adherirse al fascinante anuncio de Reino. Es el kérygma, el anuncio querigmático con que los primeros cristianos irradian el cristianismo entre los pueblos de su tiempo. Continua siendo un momento necesario para la evangelización en nuestros días. Posteriormente en la catequesis, se explica mejor el proyecto de Dios, apuntando caminos para la humanización. En ese momento, en que surgen responsabilidades y desafíos para asumir posiciones críticas con relación a las estructuras deshumanizadoras, es preciso estar bien preparado. Se trata ahora de iluminar las mentes para soluciones humanas, para las tareas de la humanización. Recordamos que esa es la función de la fe, como nos enseña la Gaudium et Spes. (GS 11.)

 

Prepararse para ejercer ese profetismo, en el diálogo y en la confrontación con diferentes creencias e ideologías, es otro desafío para los cristianos, porque las oportunidades de formación son precarias. Prepararse para ser profeta forma parte del proceso de preparación para ser cristiano en el mundo. Las parroquias católicas y las comunidades cristianas de diferentes confesiones religiosas son llamadas a ser centros de animación y preparación de cristianos para a su actuación transformadora en el mundo.

 

La participación del cristiano en los sindicatos, los partidos políticos, los centros de derechos humanos, los comités de ciudadanos, las campañas populares en defensa de la justicia, las asociaciones de barrios y en otras estructuras temporales de la sociedad, será un camino valioso para esa formación. Al mismo tiempo, su presencia en esos espacios será la contribución de la fe en la búsqueda de soluciones más humanas para los problemas que esas organizaciones tratan de resolver.

 

No sólo los mecanismos macro‑sociales deben ser objeto del profetismo del cristiano. Muy frecuentemente la deshumanización está presente en las relaciones familiares, en las relaciones hombre‑mujer, padres e hijos, patrón y empleado, profesor y alumno, entre parientes o vecinos. Quedarse callado, cerrar los ojos, taparse los oídos es la tentación, para evitar roces y problemas. Pero el cristiano no puede quedarse aislado ante cualquier situación deshumanizadora en su pequeño mundo. No serían coherentes entre sí una actitud valiente de denuncia social y el silencio ante esas pequeñas cuestiones que causan sufrimiento y frustración, en el ámbito menor de las relaciones humanas.

 

Será ese, por tanto, el ser cristiano en el mundo moderno, en el seguimiento de Jesús. Ejercer el profetismo como Jesús lo hizo, asumiendo los riesgos que Él asumió, no deseando el destino trágico que lo sacrificó sino aceptando las consecuencias desagradables o dolorosas que pueden resultar. La cruz es el límite heroico.

 

VER JUZGAR - ACTUAR

 

·         ¿Somos conscientes de nuestra misión profética?

·         ¿Nos sentimos capaces de correr riesgos para denunciar toda forma de injusticia?

·         ¿Cómo podemos anunciar, qué debemos anunciar? ¿Otro mundo más justo es posible? ¿Será esta la buena noticia, será esto el evangelio?

 

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Toda correspondencia para el MFC-SPLA deberá ser enviada a los Presidentes William y Esilda Cheng, e-mail: wcheng@sinfo.net